La investigación y el desarrollo tecnológico promueven la competitividad de los negocios
agropecuarios. La inversión en este aspecto es altamente rentable: produce beneficios económicos
y sociales tanto a productores como a consumidores, en términos de obtención de productos
altamente competitivos que, con mejor calidad, se pueden ofrecer a menor precio. Esta afirmación
aplica tanto en países desarrollados como en aquellos en vía de desarrollo.
Se estima que la inversión en investigación agropecuaria en las últimas décadas ha sido de
0,62% del producto interno bruto del sector en los países en vía de desarrollo, mientras que en
los desarrollados se destina un 2,6%. En los primeros se carece de inversión privada en
investigación. Es probable que la falta de competitividad que caracteriza a muchos productores
de cultivos tropicales sea el resultado de la mínima inversión que, durante varias décadas, se ha
hecho en investigación agropecuaria.
En el caso colombiano, los centros de investigación son financiados fundamentalmente por el
sector privado y forman parte integral del sistema nacional de investigación privada. La inversión
estatal ha sido baja y esta situación predomina a pesar de la alta tasa de retorno sobre la inversión
en investigación. Existe la necesidad de que el Estado asuma su responsabilidad en la financiación
en investigación y desarrollo, y de que no delegue por completo este compromiso en el sector
privado. Los Centros de Investigación invierten para el desarrollo de sus actividades entre el 45% y el 50%
del producto interno bruto de los sectores que representan. El país destina 17 millones de dólares
por año para apoyar estas investigaciones y de ellos, US$ 13.6 son aportados por los sectores
productivos a través de los centros de investigación -CENI-.
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