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Lo que detectó el estudio Penta McGready/Revista del Campo

Qué quieren los agricultores en innovación

Los productores asumen un criterio comercial al introducir lo que consideran mejoras y su prioridad es optimizar el riego.

Eduardo Moraga Vásquez

La innovación es la preocupación del momento en el agro chileno. No puede estar ausente en los discursos de representantes del Ministerio de Agricultura, ni de las preocupaciones de cualquier gremio agrícola.

Alimentado por el deseo de apuntalar el proyecto "Chile potencia alimentaria" y por la inyección de recursos por el royalty minero - que el próximo año repartirá US$152 millones- , hay sugerencias de potenciar desde la investigación biotecnológica hasta la imagen país. De hecho, el lobby de dirigentes y autoridades es feroz por estos días.

Sin embargo, hasta ahora hay un gran olvidado en la discusión: los agricultores. Nada menos que la base de la industria alimentaria.

Para comenzar a cerrar esa brecha, Revista del Campo se unió a la consultora Penta MacGready Research para hacer un estudio respecto de las actitudes e intereses sobre innovación.

Y los resultados fueron sorprendentes. En primer lugar, llama la atención el pragmatismo de los agricultores, que prefieren innovaciones graduales en sus procesos productivos y con un impacto directo en la rentabilidad de su negocio. Eso contrasta notablemente con el discurso público que privilegia avanzar dando saltos productivos y apostando a nuevos rubros.

Sin embargo, también es interesante comprobar las limitaciones al concepto de innovación entre los agricultores. Básicamente se tiende a restringirla a la tecnología y no se constata un interés por perfeccionar la gestión en elementos tan cruciales como la capacitación de los trabajadores o la contabilidad.

En ese sentido, la parte medio vacía del vaso indica que el 37% de los agricultores no realizó alguna actividad de innovación en el último año. En todo caso, en la consultora estiman que esta situación es relativamente normal y se asemeja a rubros como el de la construcción.

El estudio Penta MacGready Research–Revista del Campo se realizó en octubre y abarcó a 132 predios, desde la IV a la VIII Región. A continuación, las claves detrás de los hallazgos de la investigación.

Criterio comercial

Nada de saltos cuánticos, ni tirarse a la piscina sin saber si hay agua suficiente. Los productores prefieren una estrategia conservadora de innovación. En ella, cada paso que se dé debe tener un impacto directo en la mejora de la rentabilidad de su negocio.

Para ello, claramente la innovación debe tener un soporte financiero.

"Mayoritariamente, los agricultores no piensan en cómo adaptar su producción para abrir nuevos mercados o ampliar la oferta a nuevos alimentos. Su visión tiene un carácter más incremental, de mejorar lo que ya se hace", afirma Andrés Gaete, gerente técnico de Penta MacGready Research.

Desde el punto de vista de los productores, Carlos Smith, agricultor de Chillán, explica por qué privilegian ese estilo de innovación.

"Con los márgenes que se manejan, nadie puede pegarse costalazos muy fuertes. Si se apuesta mucho dinero, hay una posibilidad cierta de que se tenga que salir del negocio. Por eso la gente tiene desconfianza de las personas que vienen a proponer cambios muy radicales. Lo mejor es probar paso a paso si una nueva tecnología, maquinaria o especie es realmente rentable", afirma Smith.

Riego, lo más importante

Visto desde una oficina de Santiago, probablemente el riego no se perciba necesariamente como un elemento muy innovador. A simple vista, el uso de pivotes o tuberías para el riego por goteo suena a tecnologías simples, poco dadas a producir un gran impacto productivo.

Desde el agro, esa visión no puede estar más errada. Según el estudio, más de un tercio de los agricultores realizó una inversión en riego la última temporada. Su importancia queda clara al observar que este ítem supera en cuatro veces a la actividad de innovación que le sigue.

La razón es clara. Los productores saben que el riego tecnificado tiene un impacto notable en la productividad de sus campos. A diferencia del antiguo riego por tendido, se evita que los sectores altos de un predio queden secos y que los más bajos queden inundados. Además, permite aumentar las alternativas de especies cultivables, sobre todo en el secano.

"En años con lluvias normales se puede lograr un 60% más de la producción normal para ese clima, mientras que en años secos la diferencia es de un 100%", afirma Juan Guillermo Martínez, agricultor de la zona de Yungay en la VIII Región.

Ojo con la gestión

Uno de los puntos más complejos que revela el estudio es la baja consideración que tienen los productores a las innovaciones "blandas", aquellas que se refieren a gestión y a las capacidades de las personas. El énfasis está puesto en los "fierros", en las maquinarias, químicos y tipos de variedades.

Eso deja un flanco abierto importante a la hora de mejorar el desempeño de las empresas agrícolas. Por ejemplo, se puede invertir varios millones de pesos en un sistema de riego por pivote. Sin embargo, ese esfuerzo puede perder rentabilidad si el trabajador que lo opera no tiene entrenamiento en cuánto y durante qué períodos debe regar.

Falta más acceso a información

Cuando los realizadores del estudio les preguntaron a los agricultores cuáles eran sus principales falencias, uno de los puntos que más se repitieron fue el escaso acceso a la información de mercado.

"Ellos sienten que a nivel de predio se manejan bien. Distinto es el caso cuando tienen que comercializar su producción, ahí se sienten más inseguros, con dudas respecto de si están vendiendo al precio que realmente es el de mercado", afirma Andrés Gaete de Penta MacGready.

En ese sentido, los productores estiman que todavía hay pocos canales de información a los que puedan acceder. Y no estamos hablando sólo de precios, como ocurre en la tradicional batalla entre productores y exportadores frutícolas. También se echa de menos un mayor conocimiento de las tendencias de consumo en los mercados de destino.

"Los agricultores saben que, incluso si venden a nivel local, su destino está atado a lo que pase en los mercados internacionales. Gracias a las giras al exterior y a eventos como el Fruitrade, la brecha de conocimiento se está cerrando. Sin embargo, hay bastante que mejorar todavía", afirma Luis Schmidt, presidente de la SNA.

Repensar políticas públicas

Frente al abismo que existe entre la política gubernamental de innovación y la forma en que se percibe y ejecuta la innovación en los predios agrícolas se desprenden varias lecciones.

Se debe tener en consideración las distintas velocidades en la innovación. Si alguna autoridad pretende lograr saltos cuánticos en el agro, se golpeará con una muralla.

Lo mismo pasará si no se ligan las innovaciones a resultados prácticos y medibles en términos monetarios. El mensaje no debe ser "innovar para ser mejores productores", sino que "hacerlo porque de esa forma se gana más plata". Menos poesía y más economía.

Otro punto vital es la necesidad de que las actividades de innovación que realizan organismos técnicos como el Inia consideren como parte central la divulgación de sus hallazgos. Entre los agricultores hay interés por mejorar el desempeño y hay "sed" de información sobre avances productivos.

"Es importante que se abran los campos experimentales a la comunidad agrícola, que haya un diálogo constante entre los productores y los investigadores, hay mucha información que todavía circula en forma restringida", afirma Gustavo Rojas, director de Posgrado de la U. Tecnológica Inacap.

Eduardo Moraga Vásquez.

EL MERCURIO – Revista del Campo – Chile

 

 

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